Por un instante volví a tenerte tan cerca, que tu sola presencia me electrificó y mi cuerpo no pudo parar de temblar. Y cuando por fin desapareciste, yo seguí mirando al frente, de nada me hubiera servido darme vuelta para verte marchar. El principio del fin duró eternos segundos pero en tu mirada, tus ojos me gritaron te desprecio y se volvieron ocupas en este corazón deshabitado, y es el día de hoy que no logre desalojarlos.