Son pinchazos ¿entendés? Sólo eso. Son pequeños pellizcos en el corazón, un recuerdo que te inunda en un instante, y después desaparece. Sin sentir desamor, amargura o desazón. Sólo un poco de añoranza, una sonrisa a medias por aquel momento, y después vuelves a tu vida, has aceptado con naturalidad que el olvido es un camino enrevesado y difícil, quizá porque has pasado más tiempo olvidando que intentando recordar.
¿Qué hacer con una madeja de recuerdos que no sabes controlar? Están clavados en tu persona, se abre el cajón de la memoria por un segundo, y allí están, algunos desgastados, otros intactos, pero todos esperando a que algo de fuera los saque del cajón a pasear. Afortunadamente los pellizcos en el corazón sólo los percibes vos, si fuera algo más físico, te doblarías un momento, como si te hubiesen pegado una patada y necesitases volver a respirar con normalidad.
Puedes evitar (y evitas) escuchar canciones que inevitablemente forman la banda sonora de la historia, puedes evitar mirar objetos, cartas, una película, o dos, puedes dejar de desgranar los momentos que vivieron juntos, hasta consigues no acordarte de él a menudo, de cómo te miraba, o como te besó la última vez, ¿por qué siempre recuerdas el último beso? Seguro que si supieras que es el último, pondrías toda el alma en ese beso, o quizá la pusiste, pero de un modo inconsciente, no como el primero, en el primer beso tiemblas. Tiemblas ante el contacto de los labios que anhelabas besar. ¿Pero el último? ¿Cómo vas a saber que tienes que despedirte de esos labios para siempre?
¿Pero que haces con los recuerdos que te vienen a buscar? Porque estás tomando un té de tilo, y de repente, te pierdes sin pretenderlo recordando alguna anécdota relacionada con el té. Pellizco. Te doblas interioramente. Sonríes. Y pegas otro sorbo al té. Con un dolor tan leve que puedes volver a tus asuntos, aunque la marca endeble de la melancolía queda en ese recuerdo pero al menos no te impide seguir en pie. ¿Así funciona el olvido? ¿Olvidar es dejar de recordar? Te gustaría guardar todos los recuerdos hasta el preciso instante en el que no hubiese pinchazos. Ni pellizcos ni melancolía. Como una leve anestesia al corazón para que no tuviese que soportarlos. Si no recordaras temporalmente, sería mucho más fácil olvidar, pero ya sabes, que el olvido es un camino que da demasiadas vueltas para llegar al Destino: El olvido.
Que curioso, que el olvido sea un fin en si mismo y al tiempo sea también camino.
¿Qué hacer con una madeja de recuerdos que no sabes controlar? Están clavados en tu persona, se abre el cajón de la memoria por un segundo, y allí están, algunos desgastados, otros intactos, pero todos esperando a que algo de fuera los saque del cajón a pasear. Afortunadamente los pellizcos en el corazón sólo los percibes vos, si fuera algo más físico, te doblarías un momento, como si te hubiesen pegado una patada y necesitases volver a respirar con normalidad.
Puedes evitar (y evitas) escuchar canciones que inevitablemente forman la banda sonora de la historia, puedes evitar mirar objetos, cartas, una película, o dos, puedes dejar de desgranar los momentos que vivieron juntos, hasta consigues no acordarte de él a menudo, de cómo te miraba, o como te besó la última vez, ¿por qué siempre recuerdas el último beso? Seguro que si supieras que es el último, pondrías toda el alma en ese beso, o quizá la pusiste, pero de un modo inconsciente, no como el primero, en el primer beso tiemblas. Tiemblas ante el contacto de los labios que anhelabas besar. ¿Pero el último? ¿Cómo vas a saber que tienes que despedirte de esos labios para siempre?
¿Pero que haces con los recuerdos que te vienen a buscar? Porque estás tomando un té de tilo, y de repente, te pierdes sin pretenderlo recordando alguna anécdota relacionada con el té. Pellizco. Te doblas interioramente. Sonríes. Y pegas otro sorbo al té. Con un dolor tan leve que puedes volver a tus asuntos, aunque la marca endeble de la melancolía queda en ese recuerdo pero al menos no te impide seguir en pie. ¿Así funciona el olvido? ¿Olvidar es dejar de recordar? Te gustaría guardar todos los recuerdos hasta el preciso instante en el que no hubiese pinchazos. Ni pellizcos ni melancolía. Como una leve anestesia al corazón para que no tuviese que soportarlos. Si no recordaras temporalmente, sería mucho más fácil olvidar, pero ya sabes, que el olvido es un camino que da demasiadas vueltas para llegar al Destino: El olvido.
Que curioso, que el olvido sea un fin en si mismo y al tiempo sea también camino.
